viernes, 27 de enero de 2017

Boxeo contra la depresión

Por Marco Mazón Gomariz.

Los seres humanos (si es que acaso llegamos a eso) tendemos a centrarnos en los problemas externos, subestimando el poder destructivo de los días grises y las noches tristes, pero según estemos por dentro repercutirá en todo aquello que nos rodea, ya que todo está conectado, y por supuesto en uno mismo.

Según la OMS, hay 350 millones de personas en el globo terráqueo con depresión, aunque yo diría que esta cifra puede ser 10 veces mayor, ya que solo contabilizan las depresiones que se pueden etiquetar como tal, pero hay angustias y demonios interiores que, aunque el psiquiatra de turno diga que no tienes nada, tú sabes que sí, que hay algo o alguien dentro de ti que nunca te deja dormir. Me sorprende que ningún Gobierno del mundo se tome en serio el asunto de las depresiones.

En España, éste mismo año pasado, han muerto más personas por suicidios que por accidentes de tráfico, pero eso no sale en la tele. ¿Por qué nadie se molesta siquiera en tratar este asunto? El paro es un asunto grave, si no hay trabajo, no hay dinero, y si no hay dinero se multiplican los problemas, pero eso se soluciona con un trabajo. Sin embargo, ¿qué haces cuando el cielo se te cae encima? Puedes llamar a Dios, pero posiblemente te salga el contestador.

No solo son las mismas circunstancias de la vida y sus palos lo que nos lleva a la locura, también nuestro estilo de vida sedentario. El cerebro humano sigue siendo el mismo cerebro que teníamos cuando vivíamos como nómadas, cuando cazábamos y recolectábamos nuestra comida, siempre de un lado de otro, de un punto a otro, de un valle a otro.

Hemos vivido como cazadores y recolectores durante más de 150.000-200.000 años, y, de pronto, hace 10.000 años, cambiamos a una vida sedentaria, así de sopetón. Como señaló un notorio antropólogo: “El cerebro aún no se ha acostumbrado a la vida sedentaria y en ciudad, es por eso que somos tan infelices.” El ser humano ha vivido en la naturaleza el 98% de su existencia, y para vivir en la naturaleza hay que estar alerta y en forma en todo momento. Y requiere un instinto violento e inteligente que también requiere el boxeo.

¿Desde cuándo llevan pegándose puñetazos los humanos? Desde antes de ser humanos. El arte y deporte que ahora representa el boxeo no es sino un vestigio de nuestras necesidades biológicas (y me aventuraría a decir que espirituales) más profundas. Allá por el 1500 A.C se pintaron unos frescos en la Isla de Thera que se conservan hasta ahora. Se puede ver a dos niños, cada uno con un guante en la mano derecha, golpeándose. Ya entonces el pugilismo era practicado por niños. Más tarde, unos 700 años después, se instauraron las Olimpiadas en la antigua Grecia, cuyos pilares eran cuatro: Hipica, Atletismo, Lucha y Pugilismo.

No hay que olvidar la connotación religiosa que en aquellos tiempos tenía este deporte de la violencia. Lo hacían por los dioses, rezaban sus plegarias con los puños, anteponían la gloria de los dioses a la suya, realzando así la suya también.

Ahora, en estos tiempos de la prisa y el agobio, de la rutina y del vacío existencial, se hace más necesario que nunca activar esa parte dormida de nosotros, la que no conocíamos. A través de este “deporte” puedes aprender más de ti que leyendo todos los libros jamás escritos. Te fuerza a dejar a un lado las estupideces y centrarte en lo que estás haciendo, te devuelve una confianza en ti mismo minada, posiblemente, desde la niñez, te absorbe tanto que puede hacerte olvidar las espinas que ni el amor ni las drogas consiguen sacarte.

No tienes por qué pegarte con nadie, el mero hecho de practicar el deporte ya tiene sus grandes beneficios en todo el organismo, pero cualquiera que haya hecho sparring sabe que es donde más se aprende, al igual que cuando más aprendemos de la vida es con los golpes que ésta nos manda. Y, como en el boxeo, hay que saber esquivar los golpes que pueden ser esquivados y absorber los golpes que no pueden ser burlados.

El boxeo y la Teoría General de la Relatividad de Albert Einstein tienen más en común de lo que se pueda uno imaginar: ambos se basan en la interacción del espacio y el tiempo. Quien, en una pelea, sepa manejar el espacio-tiempo que lo une a su adversario, será el vencedor antes de haber comenzado la pelea.

Los golpes en el boxeo pueden ser imaginados como los golpes en la vida real. “El golpe que no ves venir es el que te noquea”-reza un axioma del boxeo. Este axioma puede ser aplicado a la vida real, si mantienes los ojos abiertos es más difícil que te caigas. Y si te caes, descansa un rato si quieres, pero luego toca levantarse. Ya me decía mi madre que los golpes están para devolvernos a la tierra.

El boxeo tiene esa magia innata no solo por la liberación que supone pegar puñetazos, sino quizá como una reminiscencia de ese ser oculto que despierta en nosotros. Hay que sacar de la hibernación al animal que llevamos dentro, seríamos mucho más felices si lo sacásemos a pasear de vez en cuando, y no hay nada mejor que el boxeo. Pero no subestimemos al animal interno, el boxeo requiere una disciplina y entrega suprema si se quiere llegar a esculpir una estatua donde antes había una mole de mármol.

Es un deporte que te exige despejarte, y que, al mismo tiempo, te despeja. Te obliga a cuidar tu cuerpo y mantenerlo en forma. Mens sane in corpore sano, decían nuestros antepasados paganos. Mente sana en cuerpo sano. Si cuidas tu cuerpo, él te cuidará a ti, si cuidas tu mente, ella cuidará de ti.

No es que vayas a darle un puñetazo al saco y todos tus problemas se desvanecerán como las hojas caducas en otoño, pero te puede ayudar a cambiar tu vida, o a verla de otra manera. Quizá un día te den tantas que digas: “paso, lo dejo.” Pero justamente esto va contra la filosofía pretendida; no se trata de ganar al adversario, se trata de ganarte a ti mismo. Steven Teófilo, un asceta del boxeo amateur que renunció a ser millonario para seguir luchando por una causa en su país natal, dijo: “Yo, en verdad, nunca perdí, porque cuando pierdes, aprendes, y si aprendes, ya has ganado.” Es una válvula de escape para la rabia y el estrés.

Nos enseñan que hay que reprimirse y no reventar nunca, pero esto es puro veneno. Si no lo sacas fuera, acabará contigo, y el boxeo es un canalizador/catalizador de estos sentimientos que nos carcomen. Solo hay que probarlo. Yo, personalmente, no creo que haya encontrado nunca un anti-depresivo mejor que conlleve ir a un gimnasio.

“Basta con lograr el equilibrio del cuerpo y de la mente, el resto llega solo. Si logras ese equilibrio todo llega, la fuerza, el impacto y el golpe.” Gennady Golovkin

@marcomazongomariz